Falsas apariencias, muerte y justicia en “Hamlet” y “Los canallas duermen en paz”

Esta cosita fue en su día un trabajo (ahora retocado levemente) para una asignatura que tuve que cursar de un máster bastante inútil y que fue publicada primero en Internet en casa de Neojin. Soy perfectamente consciente de que esto es un tocho de más de 2000 palabras, así que si llegas hasta el final habiendo leído todo házmelo saber, más que nada porque te querré por toda la eternidad. Por cierto, si no has catado ninguna de las dos obras de las que hablo ya te estás poniendo. De nada :).

Falsas apariencias, muerte y justicia en “Hamlet” y “Los canallas duermen en paz”

1. Introducción.

Por todos los amantes del cine de Akira Kurosawa es sabida su predilección por literatos del mundo occidental del calibre de Máximo Gorki o Fiódor Dostoyevski, llevando a la gran pantalla adaptaciones de diversas de las obras de estos grandes maestros. Otro de sus autores fetiche fue sin duda William Shakespeare, del cual también bebe de manera considerable, realizando adaptaciones como su El Rey Lear bajo la forma de Ran (Kurosawa, 1985) o Trono de Sangre (Kurosawa, 1957), basada en otra tragedia shakesperiana como Macbeth.

Al contrario de las dos producciones anteriormente mencionadas, ambas de reconocido prestigio mundial, algo alejado de los focos se encuentra otro film como Los Canallas Duermen en Paz (Kurosawa, 1960), donde podemos comprobar una gran influencia proveniente de otra de las grandes obras de Shakespeare: Hamlet.

Al ser uno de los autores occidentales más influyentes de la historia, William Shakespeare normalmente ha sufrido multitud de adaptaciones más o menos fidelignas de sus obras, muchas de ellas de infausto recuerdo, como son los casos del Hamlet (Richardson, 1969) o el Otelo de Orson Welles (1952). Sin embargo, es de nuestro agrado comprobar el mimo puesto por Kurosawa en sus adaptaciones, utilizando imaginería japonesa de distintas épocas junto a la estructura de muchas de las obras del autor de Stratford-upon-Avon.

2. Kurosawa y Shakespeare

akira kurosawa
Kurosawa lo peta y tú no

Como acabamos de decir, Kurosawa, dentro de su extensa producción dedica una parte a William Shakespeare. Para llevar a cabo el proceso de adaptación fílmica de sus obras trágicas, el cineasta recurre sin tapujos a algunos elementos proporcionados por el Kabuki (Ammour-Mayeur, 2009), una forma teatral japonesa que data del siglo XVII. El Kabuki, si bien tiene forma de drama, al igual que en la tragedia sus sucesos son inevitables, y en ellos caerán los distintos protagonistas de la trama; protagonistas que, por otra parte están muy bien delimitados psicológicamente en ambos autores. Cada uno de ellos tiene un pasado y unos objetivos que se van definiendo por los actos y palabras que van moldeando sus formas de ser, amén de los porqués de sus existencias. Solo hay que echar un vistazo a personajes como Macbeth, siempre ambicioso por intentar perpetrarse en el trono a pesar de las profecías dictadas por las brujas desde los primeros compases de la tragedia. O, sin ir más lejos y centrándonos en las obras que nos ocupan, podemos dirigir la vista a los actos que describen a Claudio, así como podemos ver la determinación del protagonista de Los Canallas duermen en paz con tal de obtener justicia, determinación que solo flaquea en un momento puntual de la película, en el cual decide no matar a un individuo. El caso es que, por mucho que tengan las ideas claras en cuanto a sus actos futuros, todos (o casi todos) los personajes de las obras que relacionan a ambos autores están marcados por un destino más o menos negativo que se acabará revelando al final de las mismas.

3. Los canallas duermen en paz

Los canallas duermen en paz es la vigésima película dirigida por Akira Kurosawa, en ella nos sitúa en un Japón que sigue levantándose tras la derrota y las pérdidas sufridas a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, alejándose así de muchas otras producciones que recreaban épocas anteriores del país nipón. En ella se nos narran los oscuros hechos que rodean a una importante empresa inmobiliaria que tiene oscuros negocios que nunca han sido descubiertos. Muertes, desfalcos, presiones y una corrupción generalizada que cuenta con el apoyo de algunos personajes del gobierno japonés son algunas de las características que caracterizan a la empresa, la cual subsiste con total normalidad hasta que Kōichi Nishi se entromete en sus asuntos para destrozarla desde sus propias entrañas.

3.1 Las falsas apariencias

"¡Quillo cabesa!" o "Hamlet und Horatio auf dem Friedhof". Delacroix, E., 1839
“¡Quillo cabesa!” o “Hamlet und Horatio auf dem Friedhof”. Delacroix, E., 1839

Una de las ideas principales que nos dan tanto Hamlet como Los canallas duermen en paz es el tema de las falsas apariencias. En ambas obras multitud de personajes se esconden tras una máscara mejor o peor llevada en pos de conseguir sus objetivos. En el caso de los protagonistas, el príncipe Hamlet se encuentra terriblemente afligido por el supuesto poco respeto que ha tenido su madre por su marido desde la muerte de este último. Y es que entre el funeral del anterior rey danés y los casamientos que conducen a Gertrudis a desposar a Claudio apenas pasan unas pocas semanas. Una vez aparece el fantasma del difunto rey y revela a su hijo toda la verdad, Hamlet jura venganza por los hechos acontecidos. Del mismo modo, comienza a actuar voluntariamente de manera extraña para así confundir a su madre, a su padrastro y a los demás personajes que le rodean. Intrínsecamente relacionado al papel de Hamlet se encuentran los respectivos del bando opuesto. Claudio y Gertrudis, tras haber cometido el asesinato deciden encubrirlo todo para así establecerse en el poder de manera placentera, del mismo modo que ante la actitud cambiante del príncipe pasan a tratar de investigar de manera más o menos secreta junto a Polonio los quehaceres de Hamlet. Por último, también deberíamos resaltar el papel de Rosencrantz y Guildenstern, amigos íntimos de Hamlet que hacen de espías para el nuevo monarca, traicionando en cierto modo a su antiguo compañero. Podría decirse que prácticamente todos los personajes, en algún momento de la obra se han hecho pasar por algo que no son o han encubierto verdades con mayor o menor pericia.

Esto tiene su réplica en Los canallas duermen en paz, donde el juego de las falsas apariencias se hace visible desde el primer minuto de largometraje. Al inicio se escenifica la boda entre Kōichi Nishi, el protagonista, e Iwabuchi Yoshiko, hija del vicepresidente de una compañía inmobiliaria metida en problemas legales, y lugar donde acaeció años atrás el suicidio de un empleado que pudo haber estado al corriente de las irregularidades. En esta celebración prácticamente todos los personajes juegan un papel perfectamente estudiado. Nuestro Hamlet actualizado, Nishi, novio y huérfano del empleado muerto se casa únicamente con la hija de un alto cargo de la compañía por pura venganza, para sacar a la luz los hechos sucedidos y provocar así el descalabro de la compañía inmobiliaria. Con tal de conseguir sus objetivos tuvo que cambiar su identidad y dedicar su vida a escalar en el seno de la empresa, a la vez que conseguía introducirse directamente en las fauces del león al contraer matrimonio con Yoshiko. En el bando opuesto, el padre de la novia y vicepresidente Iwabuchi junto a sus superiores y subordinados (desde el más alto cargo al último empleado) ignoran todo esto, pero no olvidan el suicidio que tuvo lugar en sus instalaciones, muerte ocurrida por las presiones a las que era sometido el padre de Nishi (1).

Imagen de Los Canallas duermen en paz: escena del banquete de bodas
Los Canallas duermen en paz: escena del banquete de bodas. La venganza es un plato diabético.

A ello hay que añadir la frialdad con la que los altos cargos de la inmobiliaria realizan su trabajo: acuden a funerales de trabajadores supuestamente (2) muertos sabiendo que ellos son los responsables, incluso llegando a dar las condolencias a la familia afectada. Así mismo, el vicepresidente Iwabuchi juega a tener una doble vida de cara a sus allegados: contrapone la imagen del cabeza de familia ejemplar en casa, espacio donde tiene ganado el respeto de sus inocentes hijos… frente al ejecutivo sin escrúpulos en el que se transforma dentro de su ámbito laboral.

No obstante y volviendo de nuevo al protagonista, no todo resulta según lo planeado por Nishi. En un principio se casa por puro interés, obviando incluso el hecho de poder mantener relaciones sexuales con la que es su esposa, es decir: vuelve a mentir en esta faceta de su vida. Por ello Yoshiko se siente desdichada, viviendo sumida en la infelicidad de tener un marido que no la quiere, siendo uno de los pocos personajes de Los canallas duermen en paz que no finge absolutamente nada y que vive su vida en la más completa ignorancia de todo lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, aunque sabe que no debe y que alteraría sus planes, poco a poco Nishi va enamorándose de la que legalmente es su esposa, lo cual desembocará en su trágico, inevitable y mortífero final.

Escena de Los Canallas duermen en paz: Iwabuchi se muestra "afligido" ante los periodistas
Los Canallas duermen en paz: Iwabuchi se muestra “afligido” ante los periodistas; sus cojones

3.2 La muerte y la justicia

Como buena tragedia shakesperiana que bebe de fuentes grecolatinas, en Hamlet todos los personajes están predestinados a una muerte segura. De la misma manera, a modo de premonición sobre lo que puede pasar, se alerta sobre las supuestas ambiciones de Fortimbrás para derrotar a Claudio por la fuerza y así hacerse con el poder, lo cual se desvela en los primeros compases de la obra. La idea del príncipe pasa en un principio por desenmascarar los actos de su tío Claudio y su madre Gertrudis para después poder hacer justicia al respecto, pero siempre existe un halo de duda sobre sus verdaderas intenciones. Hamlet, a lo largo de la obra siempre va demorando sus actos. Él sabe desde un principio, por la revelación del fantasma de su padre, que la muerte del mismo no fue para nada accidental, sino que encajaba con la fulgurante ascensión al poder de Claudio. Si realmente hubiera querido matar al rey, no habría necesitado muchos más pretextos para llevar a cabo su venganza. No obstante, siempre hay una excusa, un evento (como la aparición de la compañía teatral y su posterior utilización) que retrasa la puesta en práctica de sus intenciones.

Con todo, la muerte tarde o temprano siempre acaba llegando y Hamlet no es una excepción. En el caso de la obra de Shakespeare, todos los personajes acaban cayendo de una manera u otra, aunque resulta curioso comprobar que lo que desencadena la espiral de muerte sea un hecho casual. En el tercer acto, tras la representación teatral dirigida por Hamlet, éste ve en el rostro del rey la evidencia de que es el asesino. Por ello, cuando posteriormente va a hablar con Getrudis para reprocharle su actitud, escucha un ruido en la habitación donde se encontraban y, en el único momento en el que de verdad parece querer acabar con Claudio, creyendo que éste era el que había hecho el ruido decide acabar con él. Éste es el origen de todas las muertes, puesto que a raíz de ello se suicida Ofelia y se desencadena el combate amañado contra el vengativo Laertes. Al final, un Hamlet moribundo conseguirá por fin hacer justicia y cumplir el juramento realizado al fantasma de su padre, pero con unos costes terribles para la familia real y sus allegados, quienes tendrán un nefasto final… del que saldrá beneficiado Fortimbrás.

Al centrarnos en la adaptación fílmica de Kurosawa, lo cierto es que si bien podría planteárselo, Nishi no desea la muerte real y física de sus enemigos. En Japón, el peso de la deshonra y la vergüenza tanto pública como ante los superiores es lo suficientemente grande como para hacer caer en desgracia a cualquier individuo, y es precisamente lo que busca Nishi desde el primer momento: la muerte simbólica de la cúpula de la empresa que ha matado a su padre a través del desenmascaramiento de sus actos (3).

Imagen de Los Canallas duermen en paz: Yoshiko y su hermano pasan por el lugar donde fue asesinado Nishi
Los Canallas duermen en paz: Yoshiko y su hermano pasan por el lugar donde fue asesinado Nishi

Finalmente y por un giro del destino todo se vuelve en contra de Nishi al enterarse el padre de Yoshiko de las intenciones y la situación de su yerno, por lo cual éste decide contratar a unos cuantos matones para que hagan el trabajo sucio: de la noche a la mañana, Nishi aparece misteriosamente alcoholizado en un coche que ha sido arrasado por un tren, arrastrando consigo a Wada.

El final de la obra resulta ciertamente descorazonador a ojos del espectador. Nishi no solo no consigue que los responsables de la muerte de su padre sean ajusticiados, sino que en el proceso son asesinados tanto él como uno de sus compañeros, el cual al fin y al cabo no es más que otra inocente víctima de la corporación.

Los únicos castigos que obtiene Iwabuchi son, por una parte, su expulsión silenciosa de la empresa y una invitación a pasar un tiempo en el extranjero; por otra, su único hijo decide rechazarlo junto a su hermana al enterarse de la corrupción y las muertes que le rodean, y que han afectado a la vida de Yoshiko. Iwabuchi queda así, al contrario del impostor de Claudio, exento tanto de la muerte como de la deshonra personal que habría sufrido de haber prosperado los planes de Nishi. Queda de esta manera como un Creonte moderno: vivo, pero desdichado y sin familia. Consideramos que se hace justicia con su personaje, pero no toda la que habría merecido sufrir, en una alegoría que pone en evidencia algo que está a la orden del día, y es que los canallas (los de postín) por lo general suelen acabar durmiendo en paz.

Notas:

1. Como cúlmen de la escena de la boda queda el genial momento en el que, justo antes del corte de la tarta nupcial aparece otro enorme pastel con la forma del edificio de la empresa “coronado” por una flor. Flor que está clavada en la que se decía que era la ventana desde donde el padre de Nishi se había suicidado. Si bien la tarta fue encargada en secreto por Nishi y presentada a los antagonistas de la historia, no por ello podemos obviar el pequeño paralelismo con la aparición del fantasma del rey muerto en Hamlet, durante el primer acto de la tragedia.

2. Nos referimos a Wada, quien decide tirarse a un volcán en activo, pero es salvado en el último momento del suicido por Nishi. A partir de ese momento empezará a colaborar con este último a pesar de estar disconforme con algunos de sus métodos.

3. Los temas del honor / deshonra aquí están relacionados con la lealtad al superior, y no son para nada casuales en Los canallas duermen en paz. Kurosawa recurre a ellos varias veces a lo largo de su carrera, llegando a poner en relación en Trono de Sangre el código guerrero que tiene lugar en Macbeth (así como la ruptura del mismo por parte del protagonista y su mujer) con el código de honor bushido, de origen oriental (Puigdomènech, Expósito y Giménez, 2010: 83-85).

(Breve) bibliografía utilizada:

AMMOUR-MAYEUR, O. (2009). «Shakespeare entre Nô et Kabuki : ou l’art dramatique élisabéthain cadré par Kurosawa Akira». Shakespeare et l’Orient. Editado por Pierre Kapitaniak et Jean-Michel Déprats, 2009, 137-158. Disponible en línea en: http://www.societefrancaiseshakespeare.org/document.php?id=1513

PUIGDOMÈNECH, J., EXPÓSITO, A. Y GIMÉNEZ, C. (2010). Akira Kurosawa. La Mirada del Samurái. Ediciones JC, Colección Directores de cine nº 69, 2010, 83-85. Disponible en: http://0-www.digitaliapublishing.com.columbus.uhu.es/a/9923

SHAKESPEARE, W. (1994). Macbeth. Editado por Nicholas Brooke. Oxford : Oxford University Press, 1994.

SHAKESPEARE, W. (2009). Hamlet. RBA, Barcelona, 2009.

Filmografía utilizada:

Ran, Akira Kurosawa (1985)
Kumo no Sujō, Akira Kurosawa (1957)
Warui yatsu hodo yoku nemuru, Akira Kurosawa (1960)
Hamlet, Tony Richardson (1969)
Othello, Orson Welles (1952)

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