La saga Final Fantasy (I-IX y extras) 2 (Retro)

Seguimos con la segunda entrega de la que quizás sea la saga de JRPGs más conocida de todas (al menos en occidente, ejem). En esta ocasión abordaremos el  primer gran salto de Squaresoft, el que dio al pasar de la ya por entonces decadente Famicom hasta la Super Famicom, el cerebro de la bestia, la prostituta con mejor calidad-precio de la época, la mejor consola de Nintendo hasta la fecha.

Tal salto se dio en todos los sentidos: la mayor potencia de la nueva máquina de la compañía nipona permitía condensar unos juegos que dejaban en bragas a casi todo lo anteriormente visto (ejem, Neo Geo era mundo aparte, tanto como por potencial como por su elevadísimo precio). De ello se aprovecharon los  tres títulos correspondientes a Final Fantasy que en ella tuvieron cabida…

Final Fantasy IV

Nos situamos en el año 1991, momento en el que este título ve la luz en tierras niponas. Por entonces, Squaresoft ya se había labrado un nombre dentro del mercado japonés, por lo que una avalancha de tipos con los ojos rasgados se lanza a las tiendas para devorar a la cuarta entrega de esta emblemática saga. El caso es que, con este Final  Fantasy IV, jugar a esta serie empieza a tener sentido, al ser los combates mucho menos tediosos y puñeteros, contar con una historia que ya empieza a ser decente (no olvidemos los ¿argumentos? que gozaron los tres títulos anteriores) e introducir sub-tramas de bajo calibre que se agradecían de sobremanera.

Final Fantasy IV nos pone en la piel de Cecil, caballero oscuro y capitán de las Red Wings del reino de Baronia, quien, acompañado de una serie de compañeros “intercambiables” en lo que respecta a las batallas, debe liderar una nueva epopeya centrada en los cristales elementales (sí, en el fondo Square siguió imprimiendo originalidad al asunto, bof). A pesar de ello, hay que reconocer que en este envite todos los personajes están mucho más desarrollados, diferenciando mucho más tanto física como psicológicamente a los protagonistas y trayendo a su vez cada uno de ellos su propia historia. Ahí quedan, por ejemplo, la pena que sufre el paquetilla de Edward por la pérdida de su Hamada, la “transformación” de niñata imberbe a jovencita potente de Rydia, o (sobre todo) la búsqueda del alter-ego benigno de Cecil.

El sistema de batallas evoluciona para bien con la introducción del Active Time Battle system, que no es otra cosa que el sustituir los anteriores y rígidos turnos por una barra unipersonal por la cual cada uno de los cinco personajes de los que disponemos puede atacar una vez esté llena. A su vez, el juego está mucho más equilibrado a la hora de tener que subir niveles. Dicho de otro modo, sin ser un título fácil, ya no hace falta pegarse un buen rato leveleando estúpidamente a todo el grupo para poder avanzar. Cabe reseñar también que el salto tecnológico se notó enormemente en la representación del mundo y sus pueblos, pero sobre todo a la hora de mostrar los hechizos, invocaciones y objetos durante el transcurso de los combates, hecho que hacía mucho más vistoso al conjunto. Hay que mencionar también la aparición de varios mapeados por recorrer, no limitándonos únicamente a pasear “por la tierra”…  Y hasta aquí puedo contar ;).

Puedo decir en voz alta que este fue, probablemente, el primer Final Fantasy decente. Sus múltiples sub-tramas (a pesar de poseer un argumento que ya empezaba a tocar las pelotas por utilizar nuevamente el mismo tema), su mayor agilidad en las luchas, su evolución gráfica y su magnitud hacían que mereciese la pena echarse unas partiditas con él… PEEERO… Squaresoft siguió con su política de no traer sus títulos a Europa. En Norteamérica, sin embargo se dio un caso bastante curioso a la par que gilipollesco.

Dentro del país nipón aparecieron dos versiones distintas de Final Fantasy IV, una normal y corriente y otra denominada como Final Fantasy IV: Easytype, la cual estaba dirigida a gente paquetaza, ya que en ella se bajaba la dificultad del conjunto modificando parámetros, conjuros y enemigos.

Si ya de por sí esta edición estaba algo capada, a Norteamérica llegó una versión de “Easytype” incluso más retocada si cabe, ya que se eliminaron o modificaron partes que tocaban temas aparentemente sensibles de cara al jugador occidental (ya saben, la fibra sensible de muchos retrógrados podría haber sido afectada de haber llegado la versión completa, cofcofcof). Hay que hablar también de la traducción,  la cual era bastante mierder, por lo que se jodía aun más la experiencia… Y por si todavía no habías tenido suficiente, aunque sea un detalle menor, se tuvo la genial idea de renombrar el juego como “Final Fantasy II”, ya que el único título que había salido de Japón anteriormente había sido el primero de todos.

Resumiendo, querido lector,  si alguna vez (por tu incapacidad de leer la lengua de Kitano) te ha picado el gusanillo de jugar a cierta rom denominada como “Final Fantasy II [U]” en tu emulador de Super Nintendo, no habrás probado el juego original, sino una versión capada estúpidamente, más fácil y con una traducción mala de cojones. Un truñaco, vamos… Un truñaco  que tuvo una buena acogida en territorio yankee. Faltaría más, juas.

Final Fantasy V

Apenas un año después de la aparición de Final Fantasy IV nacería su sucesor, nuevamente para la 16-bits nintendera. Lejos de querer innovar, Sakaguchi decidió seguir apostando por la ya cansina historia en torno a los cristales. En esta ocasión, los susodichos se estaban debilitando y empezando a estallar en mil pedazos, lo cual iba a ser aprovechado por El Mal blablablablá; JODER, “menos mal” que Sakaguchi quería “contar historias” antes de crear aquel primer Final Fantasy, lo que no advirtió es que siempre iban a partir de la misma y puñetera base. Ante esta tesitura, una serie de personajes lucharía para salvar el mundo, estando el grupo encabezado por Bartz (un hippie con chocobo), Lenna (la princesita pija) y Faris (un “pirata” que resultó ser prima de Roxy y Poison de Final Fight, a la vez que hermana desaparecida de Lenna) junto a otros personajes como Galuf o Krile.

El caso es que Final Fantasy V no innovó en demasiados aspectos, así que vamos a centrarnos principalmente en lo que de verdad es remarcable en él: su sistema de “jobs”.

Este juego se caracteriza (para bien) por su sistema de mejora de personajes. Conforme íbamos avanzando en nuestro periplo, podíamos adquirir diferentes “jobs” para nuestros protagonistas. Este método se basaba en los antiguos tipos de personajes de anteriores Final Fantasy (por ejemplo: los típicos magos blanco o negro), pero añadiendo otros nuevos hasta llegar a la cifra de 22 clases distintas. Tal variedad de tipos, una vez entrenados, nos permitía crear una burrada de combinaciones a la hora de formar un grupo con el que luchar en condiciones (hecho para nada trivial, ya que Final Fantasy V es difícil de cojones en algunos puntos) y poder terminar el juego.

Como casi siempre, Squaresoft no publicó la versión original fuera de sus fronteras, por lo que los europeos tuvimos que esperar hasta la distribución de las 18.000 reediciones que han ido apareciendo en los últimos años (entre las cuales destacan las de PlayStation y Game Boy Advance por su fidelidad al original). Si bien es cierto que este Final Fantasy peca de continuista en cuanto a argumento, al menos hay que otorgarle el mérito de querer buscar en el jugador un poco de creatividad a la hora de componer un equipo equilibrado y efectivo, lo cual supuso una ruptura con sus predecesores, no limitándose sólo a “luchar por luchar”, así que no duden en darle una oportunidad.

Final Fantasy VI

Llegados a este punto, nos adentramos en el mejor título de la saga (¡Oh no, una banda de fanboys pelopinchos apareció! “Gamboi > Espers > Cuchilla de afeitar anti-emos de Nomura viviente > 9999 HP > Victoria > 3 puntos de experiencia ganados / Encontrado “Hiper-gomina” x2 > Desechar”). Yo, personalmente reconozco que hace años decía que Final Fantasy VII era el muy más mejor. Por entonces no había jugado en profundidad a Final Fantasy VI. Una vez solventé tamaño error tras comprar la bonica edición de PlayStation (en la que “casualmente” venía una demo de Final Fantasy X, COF COF COF), tuve que reconocer mi error y cambiar de opinión radicalemente.

Final Fantasy VI es un huegaso en todos sus aspectos, de pe a pa, de arriba a abajo. Para empezar, se sustentaba (¡por fin!) en una historia que se distanciaba enormemente de los ya desgastados cristales. Resumiendo “muy mucho” su argumento (pues es denso y largo, situando su punto de partida real 1000 años antes de los  acontecimientos del juego), el llamado “Imperio” quiere recurrir a la Magia para conquistar el mundo. Dicha Magia se encuentra en unos seres llamados Espers, vestigios vivientes del pasado; con tal de joder dicho plan manejaremos a un buen grupo de personajes liderados por Terra, una chavala que parece tener una cierta conexión con los Espers. Aunque el Imperio esté personificado en la figura del Emperador Gestalh en un principio, al final es Kefka, el antagonista más hijodelagranputa de todos los Final Fantasy, quien toma el mando de las operaciones. Sus actos se mueven por simple maldad y no necesita otra motivación que el ser un cabronazo para seguir adelante con sus planes. Hay que decir que no sólo del argumento principal vive Final Fantasy VI, ya que todos y cada uno de los secundarios cuenta con una buena cuota de protagonismo, dejando incluso de lado por momentos a Terra, la supuesta heroína principal.

En términos jugables, Final Fantasy VI  desecha al sistema de”jobs” del anterior título para centrarse en el aprendizaje de magias vía Espers y en las llamadas “reliquias”. Por una parte, cualquier personaje puede aprender una magia determinada si se le equipa con su Esper correspondiente,  haciendo que nuestro equipo pueda empepinarse con un poco de entrenamiento. Por otra, encontramos el sistema de reliquias, una serie de objetos que proporcionan habilidades y que pueden ser equipados como si de un arma o armadura se tratase. Al lado de todo ello contamos con las habilidades características cada personaje, las cuales hacen que podamos montar grupos bastante heterogéneos. Lo cierto es que si bien todo ello no resultaba ni la mitad de jachondo que los “jobs”, le daba su propia vidilla al asunto.

Para enmarcar todo ello en una estructura acorde con la despedida de Final fantasy de Super Nintendo, Squaresoft mejoró el apartado gráfico de manera considerable. Las magias eran más espectaculares que nunca, los pueblos contaron con un nivel de detalle más alto y los distintos mapeados se beneficiaron de las bondades del por entonces brutérrimo Modo 7 (el cual ya había sido utilizado antes, pero nunca de una manera TAN eficiente como en este Final fantasy VI) cuando usábamos algún medio de transporte. Todo ello estaba embutido en un mundo que empezaba a marcar la pauta de crear títulos en los que tenían cabida tanto la tecnología (representada aquí de manera industrialista, sobre todo en los emplazamientos enemigos) como el aspecto mágico y ficticio, cóctel que, si bien puede chocar a alguno que otro, siempre me ha gustado bastante.

Final Fantasy VI tuvo la jodidísima suerte de ser el tercer título de la  saga en llegar a Norteamérica, continuando la numeración que se impuso con Final Fantasy IV (para  Japón) y II (para Norteamérica), con lo que fue nombrado como Final Fantasy III. Afortunadamente, esta vez llegó sin censuras ni gilipolleces de por medio, por lo que cruzó el Océano Pacífico íntegro, sano y salvo. ¿Europa? Onvrepordios, no creo que haga falta hablar de ello… ¿No? XD.

Con esto y un bizcocho, terminamos esta segunda entrega dedicada a Final Fantasy, en la siguiente presentaremos a la trilogía que hizo que Squaresoft pegase el pelotazo padre, con la aparición estelar de Cloud Strife y las mamellas de Tifa. Féminas, no se me enfaden, también podemos poner imágenes de Yitán en bolas.

Entrada publicada originalmente el día 18-03-2011 en No Más Hype.

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La saga Final Fantasy (I-IX y extras) 2 (Retro)

5 comentarios en “La saga Final Fantasy (I-IX y extras) 2 (Retro)

  1. La verdad es que se pasaron tres pueblos con el pecho de Tifa en el FF VII.
    Creo que ni Lara Croft en los primeros Tomb raider vamos, aunque por ahí anda el tema.
    Muy buen reportaje!

  2. Lo curioso es que en algunas escenas tenía 120 de tetas y en otras 160 (ver escenas finales). Squaresoft supo captar al mercado masculino muy sutilmente XD.

  3. El Final Fantasy VI es buenisimo, al le debo mucho que me viciara a los RPG, cuando lo juegue fue en ingles y me costo mucho avanzar en un tramo del juego, estube deambulando durante una semana hasta saber lo que hacer, es el problema del idioma. Ahora que lo podria disfrutar en castellano no tengo tiempo, snif…
    Me ha gustado y mucho tu articulo al igual que el primero 😉

  4. peluchon dijo:

    Esta saga ha pasado de gustarme, a odiarla.

    Curiosamente, el único que me ha gustado estos últimos años es el XII. No se porque lo repudia tanto la gente, para mi su mejor baza es que es diferente al resto.

  5. No me había fijado en que cambiaba la, ejém, capacidad pulmonar de Tifa.
    No se te escapa ni un sólo detalle maestro!
    La pregunta es, por qué coño no usaron un Ave Fenix para resucitar a Aerith? 😄

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