La saga Splatterhouse (Retro)

Hay una serie de juegos, que si bien no están considerados como los Must-have-GOTY-OMG-que-me-corro de sus respectivas consolas, sí que gozaron de buena salud en su juventud, dejándonos un buen sabor de boca. La saga Splatterhouse, con su marcado estilo gore supuso un soplo de aire fresco, sangre, vísceras y amor pixelado para nuestra vista a finales de los 80’s-década de los 90’s. Démosle un severo repaso a estos titulacos.

Splatterhouse (1988). Arcade / TurboGrafx-16 / FM Towns.

El primer Splatterhouse fue, allá por 1988 un beat ‘em up de desarrollo lateral bastante correcto. Si bien no era una revolución para el género, era un buen juego. Situándonos en contexto, en él debíamos salvar a nuestra pareja Jennifer, quien se encuentra en el interior de una mansión llena de mostruos de distinta índole. Para cumplir con nuestra misión, contábamos con la ayuda de una misteriosa máscara (¿Jason? Sí, Jason) que confería a nuestro avatar, Rick una fuerza extraordinaria.

Si tuviéramos que definir a este título, usaríamos palabras como “violencia” o “gore a saco”. A lo largo de nuestro camino tendremos que hostiar, patear, destrozar, descuartizar, batear, disparar a una buena variedad de engendros que iban desde humanoides sin cabeza hasta sanguijuelas asesinas XXL, y eso sin contar a los variados jefes finales. Una característica que obligaba al jugador a tener los cinco sentidos puestos en el juego era que nuestros enemigos podían aparecer por sorpresa desde el fondo de la pantalla, y no -como era típico en el género – desde los bordes, realizándonos tanto ataques traperos como unas últimas ofensivas antes de morir que podían acabar con una pérdida de vida inútil.

Dentro de nuestro arsenal de ataque encontrábamos una buena variedad de instrumentos, lo que incitaba más aún a reventar todo a nuestro paso: cuchillacos que al igual que la máscara, poseían un cierto tufillo-homenaje a Viernes 13, escopetas o el elemento que más me gustaba de todos: El Bate.

A pesar de que todos estos elementos eran bastante efectivos, era con El Bate con el que más nos regodeábamos, al poder enviar a las paredes del fondo de la pantalla a nuestros destrozados rivales. Violencia powah.

Al contrario que en títulos posteriores, este primer Splatterhouse no tenía un argumento y una trama especialmente desarrollada. No es más que una historia que presentaba la estructura de “caballero pardillo debe salvar a su princesa y encuentra un objeto que le ayuda en su empresa” adaptada para la ocasión. No obstante, hay una parte que me llama especialmente la atención: la lucha contra Jennifer, nuestra parienta.

Rick, llegado cierto punto, debe enfrentarse a un jefe final de fase, y no es otro que su pareja presentando un aspecto horrible al estar poseída por algo no muy alegre. En ese instante no nos quedará otra: debemos patearle el culo a sabiendas de las consecuencias que ello nos va a traer. En un alarde de hijoputismo, los creadores del juego, conforme la lucha iba avanzando detenían el combate para devolver a Jennifer a su forma original por unos segundos, creando en el jugador un poco de desconcierto al no saber éste si debe seguir dándole palos a la pobre muchacha o hay alguna otra solución al problema… Aunque claro, viendo lo visto, la única vía de escape era cortar por lo sano el sufrimiento de la pobre.

Calidad casera.

Si bien la versión madre de todas las que aparecieron de este primer Splatterhouse es la arcade, dos versiones domésticas como las de TurboGrafx y FM Towns tuvieron el placer de acoger a las aventuras de Rick. La primera de ellas era un buen juego y se mostraba fiel a lo presentado anteriormente, es en FM Towns donde hay más chicha, al ser un CD-ROM con todo lujo de detalles y que resultaba prácticamente calcado al arcade. Por su rareza, dicho CD se ha convertido en toda una pieza de coleccionismo que pocos se pueden permitir.

Splatterhouse: Wanpaku Graffiti (1989). Famicom.

Muchos no conocen la existencia de esta bizarra entrega de la saga Splatterhouse para Nintendo NES, pero bien merece un huequecito entre los títulos que la componen. Para empezar, resulta raro ver en las consolas de Nintendo juegos especialmente salvajes a nivel visual, y si existen, varios de ellos han sido capados para evitar que se mostrasen en todo su esplendor. Un ejemplo de ello pueden ser el lejano Mortal Kombat de Super Nintendo, cartucho que no gozaba de las sangrientas bondades que sí aparecían en su homónima versión de Mega Drive gracias a un truco.

Wanpaku Graffiti rehúsa el ser capado de esa manera y se reinventa a sí mismo con personajes super-deformed, que dan al conjunto un aspecto mucho más desenfadado. Aparte, los enemigos son ridiculizados (en el buen sentido), obteniendo un toque mucho menos ofensivo. Si en el juego original podíamos ver una referencia a una película como Poltergeist en  una habitación donde sus elementos te atacan, en esta versión de NES Rick deber enfrentarse a calabazas de Halloween, al primo de Michael Jackson en Thriller o a una horda de pollos asesinos recién salidos del horno.

Entrando en el terreno jugable, este Splatterhouse presenta un desarrollo mucho más rápido que su predecesor, lo que hace que el control de Rick sea algo más ágil. Otro punto a destacar y que lo diferenciaba es que teníamos nivel, el cual iba subiendo conforme a más enemigos fuésemos destrozando, transformándose todo ello en puntos de vida para nuestro personaje.

Resumiendo, esta parodia del primer Splatterhouse, si bien se desmarca un poco de lo visto en los demás juegos, tiene su propia personalidad y no deja de ser un buen juego por ello.

Splatterhouse 2 (1992). SEGA Mega Drive.

En vez de publicar una segunda parte en recreativas, Namco prefirió seguir el camino de Rick únicamente en Mega Drive, creando una secuela sin novedades que le hiciesen destacar.  Sobra decir que la 16-bits de SEGA no estaba a la altura de una placa recreativa o incluso de FM Towns, lo que trajo consigo un poco pérdida de calidad en el producto final.

Situándonos en contexto, una vez acaecidos los acontecimientos del primer Splatterhouse, Rick consigue escapar de la casa en la que se encontraba, pero desde entonces no ha hecho más que sufrir pesadillas en las que Jennifer aparece pidiéndole auxilio. Ante ello, nuestro enmascarado personaje decide retornar a la mansión para salvarla.

Repetición de la jugada.

Lo que a mi parecer le hace perder valor es su descarado reciclaje de lo visto anteriormente. En vez de sacar a la venta una versión del arcade original, Namco decidió realizar una continuación sosa en la que se retomaban demasiados elementos o se  metamorfoseaban otros (ver por ejemplo la sala de las cápsulas de las cuales van saliendo bichacos, que no es más que una burda copia de la genial sala de los espejos de Splatterhouse).

Que quede claro que esta segunda parte no es que sea desastrosa, pero sí que me resulta un poco conformista y sin ambición, todo lo contrario de lo que podíamos encontrar anterior… y posteriormente.

Splatterhouse 3 (1993). SEGA Mega Drive.

Afortunadamente y para quitarnos el mal sabor de boca que nos dejó Splatterhouse 2, la que ha sido la tercera y última historia de las andanzas de Rick  hasta hace poco tiempo mejora todo lo visto anteriormente. En lugar de presentarse nuevamente como un juego con scroll lateral, Splatterhouse 3 se transforma en una especie de Streets of Rage debidamente decorado para la ocasión. Esta vez no sólo tenemos que salvar a nuestra parienta, sino que también tenemos debemos hacer lo propio con nuestro hijo David, quien tiene poderes psíquicos que van a ser utilizados en un ritual no muy alegre, por lo que su rapto no es precisamente un hecho trivial.

Como cambio especialemente notorio y que modifica por completo el esquema del juego, ahora, si queremos finalizar las distintas fases, debemos recorrer las y habitaciones de la mansión. Para guiarnos por ellas, una vez que matemos a todos los enemigos de una estancia determinada, tendremos a nuestra disposición un mapa bastante apañado con el que encontrar la ruta más corta.

A su vez, no solo de destrozar enemigos va la cosa, ya que complementándose con el factor “tiempo”, tenemos a un nuevo y jodido enemigo al que combatir que es más malo que el agua en Sonic: El tiempo, el cual está limitado a la hora de finalizar los distintos niveles, ya que si no cumplimos con nuestro deber dándonos prisa, aunque no perdamos vidas, nuestra Peach particular y su hijito se van -y nunca mejor dicho- al infierno. Si se da ese caso, no podremos acabar el juego en su final bueno, y es que que hay que señalar que podemos salvar a los dos, a uno, o a ninguno y dependiendo de ello, obtendremos finales distintos.

Violencia, parte 3.

Algo que se agradece en el tema gore-festivo de esta tercera entrega es la degradación de enemigos conforme les vamos dando guantazos, ya que podemos ver cómo empiezan a sangrar progresivamente. Por otro lado, e imitando a otros beat ‘em up de la época al contrario que con la mayoría de enemigos de los otros Splatterhouse, ya desde el principio, a éstos tenemos que darles varias tandas de golpes antes de acabar con ellos del todo. El único punto que no me gusta es que se pierde el poder estampar monstruos contra la pared. Es una tontería personal, pero me gustaba darles fuerte con el palo para dejarlos bien esparciditos contra los muros.

Por último y como nueva característica, si llenamos una barra de poder con unas esferas que encontramos por el camino, podemos activar un modo Berserker en el que nuestro Rick puede repartir mamporros bastante más fuertes. Es altamente recomendable guardarse un poquito para los jefes y es completamente necesario en el combate final.

Si obviamos algunas excepciones, no es que sea el menda una persona que se fije demasiado en los argumentos y tramas que le ponen por delante en los distintos títulos a los que juega, pero la verdad es que agradeció mucho -teniendo en cuenta las posibilidades de Mega Drive– que los señores de Namco tuviesen en cuenta este aspecto. Empezando por la intro y conforme vamos avanzando en el juego, van apareciendo una serie de imágenes estáticas que nos van presentando los acontecimientos de la historia del juego. A veces, incluso en medio de una fase se nos sorprende con una instantánea en la que podemos ver a nuestros familiares sufriendo las consecuencias de su rapto, incitándonos así a llegar a tiempo para así poder salvarlos. Con ello, Splatterhouse 3 te pone en tensión y consigue que pienses “hostiahostiahostia que no llego” mientras te dedicas a patear culos podridos de monstruos infernales lo más rápido posible.

Afortunadamente, Splatterhouse 3 supuso un soplo de aire fresco bastante grande de cara a sus predecesores, y lejos de conformarse con repetir esquemas hasta la saciedad, da un giro lo suficientemente grande como para ganar en carisma y diversión, lo que le convierte para mí en la mejor parte de todas, aparte de suponer un final genial para la saga (obviemos ese posavasos que han sacado hace poco para las consolas de esta generación…).

Anexo: La Mansión y La Máscara, evolución.

Hay dos elementos en Splatterhouse que se diferencian del resto de sobremanera. Sí, tenemos sangre, violencia, visceras repartidas por todos lados, pero para mí, tanto La Mansión como La Máscara merecen unos renglones aparte en este texto.

Otros juegos anteriores ya habían explotado la idea en la que se basan multitud de cuentos tradicionales, la cual nos lleva a rescatar una princesa/quien sea al castillo de turno (sin ir más lejos, podemos encontrar a Super Mario Bros o Castlevania II: Belmont’s Revenge como ejemplos de ello). Adaptando el decorado a una historia con multitud de referencias cinematográficas (Poltergeist, Viernes 13 o incluso El Exorcista a modo de parodia en Wanpaku Graffiti), los Splatterhouse se han servido continuamente de La Mansión como lugar idoneo en el que vivir nuestras tortuosas aventuras.

Si bien en las primeras su presencia imponía por sus sangrientos pasillos y nos mantenían alerta ante posibles ataques traicioneros de enemigos salidos de cualquier parte, o directamente en salas como la de los espejos, en la que Rick debe enfrentarse a multitud de alter-egos suyos, es en Splatterhouse 3 donde La Mansión adquiere un protagonismo más marcado. Es silenciosa y no es un enemigo que vaya a vaciar tu barra de energía, pero sus laberínticas formas desquician al jugador, quien debe servirse de un mapa para recorrarla y así salvar a su familia a tiempo.

De su mano va agarradita La Máscara que posee a Rick, quien únicamente es un inocente mandado que tiene por objetivo salvar a sus congéneres, pero que no sabe hasta el final del tercer acto que está contribuyendo a que La Máscara consiga obtener una forma corpórea con la cual poder alcanzar su objetivo de dominar el mundo.

A lo largo de toda la serie, Rick es torturado con imágenes, principalmente de su mujer, pero también de su hijo, pidiendo ayuda o en situaciones puteantes y que hacen mella en el protagonista. Un ejemplo de ello es el que hemos reseñado en Splatterhouse 3, donde se nos muestran imágenes de nuestros familiares en situaciones de peligro y que requieren nuestra ayuda inmediata.

Al final, (¡por fin!) podemos plantarle cara al ente que se ha dedicado a fastidiarnos durante varios juegos, en un combate final en el que (al menos las primeras veces) nos costará acabar mucha sangre, sudor e insultos varios. Es ahí cuando, a modo de catarsis, podemos vaciarnos de toda la sombra que ha ido planeando sobre nosotros durante nuestros periplos en La Mansión para así poder ver la primera imagen alegre de todos los Splatterhouse, que no es otra que nuestra familia, vivita y coleando.

Siempre y cuando hayáis sido buenos a los mandos, claro está ;).

Texto publicado el día 1-1-2011 en No Más Hype.

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La saga Splatterhouse (Retro)

7 comentarios en “La saga Splatterhouse (Retro)

  1. Precisamente estos días estoy dando buena cuenta de la última entrega.
    Y ya iba siendo hora, pues desde que hablamos acerca de esta saga quería hacerme con una copia del juego.
    Gran artículo compañero!

  2. Excelente artículo! No había visto antes tu blog y me ha parecido muy bueno, en especial este tremendo repaso que has hecho de una saga que en lo personal me encanta. Justamente en días pasados hablé de su última entrega para el Xbox 360, y que me gustó muchísimo ya que el juego incluye también la trilogía original de Splatterhouse. Gran artículo. Saludos.

  3. Gracias a los dos!

    -José, la verdad es que he escuchado opiniones de lo más variopintas sobre el juego de la actual generación… Y “curiosamente” las buenas reseñas vienen de gente que jugó en su tiempo a los originales, por lo que las conclusiones son claras: TIENE QUE SER BUENO :D.

    -Bienvenido pixfall, me alegra saber que te ha gustado el texto. La verdad es que los juegos fueron una agradable rareza por su época por su temática. Un saludo!

  4. La madre que te! Tienes esto montado desde el 2009 y yo sin enterarme!! Al blogroll te vas de cabeza,y encima escribiendo una entrada sobre los Splatterhouse!?!?!?!?!?! Luego me la leo con calma,muy lentamente,saboreando cada palabra. Ya te comento.

    Saludos,oh gran Gamboi.

  5. La culpa es mía, Adol, ya que habré cambiado de blog personal como tres veces (y ahora es cuando me pregunto por qué cojones lo hice, pero bueno u_u).

    De todas formas, sabes que eres bienvenido por estos lares, compañero, por aquí te espero :).

  6. Es curioso que llevaba varios días pensando en un artículo sobre los Splatterhouse,y mira lo que me encuentro. ;D

    Delicioso post,siento debilidad por Rick y esa mascara….

    Que raro,diría que me pareció ir a mi rincón por momentos…. xD

    Ya me pasaré por aquí,no seas malo. ;D

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